Esta ciudad, capital de Portugal, es un regalo de historias para aquellos que la visitan. A unos 17 kilómetros de la costa atlántica, es habitada por unas 700 mil personas, y se extiende a 2 millones 700 mil hacia su área metropolitana, algo así como un cuarto del total de los habitantes del país.
Al momento del turismo, el estar encima de unas siete colinas que son escoltadas por el Río Tajo, le da un toque encantador a la ciudad. Se puede ir de una punta a otra de la ciudad, eso sí, si le dan los pies para subir t bajar las empinadas calles que la constituyen. En el caso que no sea así, están a disposición los tranvías tan clásicos de la capital portuguesa.
En las partes más altas de la ciudad, se encuentran situados miradores, que fueron colocados estratégicamente para observar cada detalle de la bella Lisboa. Y como toda ciudad antigua, cada monumento y cada rincón, esconde detrás una historia que a cualquiera le encantaría vivir.
Entre estas historias se pueden encontrar extremos como hombres valientes y reyes que narran sus momentos gloriosos, como también el barrio Belem, que guarda memoria del maravilloso momento de Portugal en la Era de los Descubrimientos. Por otro lado el terremoto de 1755 destruyó casi en su totalidad a esta ciudad.
En el centro se puede observar a La Vieja Lisboa, que marca calles pintorescas y casas antiguas y a las afueras la Lisboa Moderna citando como icono a la zona de Parque das Naçoes.
Fuente: Viajar en Cruceros | Imagen: Los viajes de Jorge y Laura













