
En Naucalpán, al noroeste de Ciudad de México, se levantan las Torres Satélite. Los autores del monumento, los arquitectos Luis Barragán y Mathias Goeritz, lo idearon para que sea contemplado a gran velocidad desde la carretera que lo circunda.
Tal vez por esta razón, o por su curiosa iluminación, las prismáticas estructuras se han convertido en un símbolo futurista de la mayor urbe del planeta. Cinco torres de diferente altura y distinto color: naranja, blanco, azul y rojo.
El arquitecto quería construir siete torres pero por falta de presupuesto se tuvo que reducir el número de torres. Al principio eran de color ocre y blanco pero con el paso del tiempo las han pintado, hasta quedar con los colores actuales. La más alta mide 50 metros y la menor unos 30 metros.
Casi 20 millones de habitantes (extrarradio incluido) le otorgan este título a la capital mexicana, que ostenta también el record de contaminación. Sin embargo, entre la masificación, la pobreza y la violencia, las artificiales luces de neón de las torres son como anuncios de un porvenir más venturoso.
Imagen: Arqhys













