La aventura de llegar a Nueva York

La Aventura De Llegar A Nueva York

He tenido la fortuna de viajar varias veces a los Estados Unidos, y contar las experiencias – sobre todo las que sirvan a otros -, me parece útil y aprovechable. La llegada a Nueva York (gran expectativa, gran…) contiene varias de estas historias. Uno siempre escucha por allí… “que los hoteles de Nueva York son carísimos”, “que no hay forma de llegar al centro de Manhattan desde los aeropuertos que no sea en remises”, “que los museos son hermosos pero muy caros”, y tantas cosas de esas, que no hacen sino desalentar al más cuidadoso. Pero para desalentar a esta familia de los Escarlata, no basta con esos simples comentarios, así que allá fuimos…

Como veníamos desde el aeropuerto de Orlando, nuestro destino fue la terminal 5 del aeropuerto JFK. Al llegar derribamos el primero de los mitos: no es necesario pagar un taxi o un caro remise para llegar a lo que sería nuestro hotel, en pleno Manhattan, exactamente en la 34th Street casi Lexington Ave. Por si fuera tu caso algún día, la forma de llegar a cualquier parte de Manhattan es muy simple: hay un bus interno que recorre todas las terminales del aeropuerto y te deja en una estación de subway llamada Howard Beach por la que pasa una sola línea de subways, pero que en esa estación tiene la particularidad de no ser subterráneo. Lo tomas allí a plena luz del día y en algún momento mientras recorre Brooklyn y se dirige a Manhattan se convierte en subterráneo.

Los mapas son muy claros y los encuentras por todas partes al llegar. Basta con mirar las líneas de subway, la que tú acabas de tomar es la línea azul A, y si miras con atención hay varias estaciones a lo largo de Manhattan donde se cruzan dos o más líneas. Debes escoger la que se ajusta a tu necesidad para dirigirte al punto que tú quieras; en nuestro caso era clarísimo que la estación elegida debía ser B-way Nassau St, donde bajando o subiendo (no recuerdo sinceramente) un nivel, accedíamos a la línea “verde” hacia el norte; ésta nos dejaría en la 33 Street, apenas a dos cuadras de nuestro hotel.

Tengo muchas cosas más para contaros de los 3 escasos pero muy aprovechables días que estuvimos en NY. Fueron inolvidables y aún hoy me acuerdo con mucha exactitud qué hicimos, de qué trucos nos fuimos valiendo para ahorrar y pasear mucho y cuánto conseguimos hacer en ese tiempo con nuestros hijos.

Sólo te adelanto un par de cosas a cuenta de futuros posts. La primera: viajar a NY vale la pena, no te dejes engañar por quienes te dicen que es una ciudad sucia, o superpobladda o demasiado urbanizada. Tienes que ir y juzgar por ti mismo. Lo que sucede después que la visitas es muy gracioso porque recuerdas cada paso y dónde está todo cuando miras alguna de las muchas películas que se desarrollan en ella. Das una mirada al paisaje e increíblemente -como quizá no pasa en ninguna otra ciudad-, tú sabes dónde está el personaje y qué tiene que hacer para desplazarse. Y no deja de ser una ciudad interesantísima con una demografía diversa e increíble. Vale la pena ver con tus propios ojos y sentir luego aquello de “yo estuve ahí”.

La segunda: pregunta siempre a los lugareños, a los trabajadores a los mozos de hotel, a los limpiadores de los aeropuertos. Gracias a uno de ellos, nos ahorramos los casi cien dólares que nos iba a costar desplazarnos desde el JFK al centro de Manhattan. Ni siquiera hablaba español, porque era claramente extranjero, pero simplemente señalando en los mapas nos entendimos y muy bien.

Pronto te contaré más de nuestras aventuras en NY, vale la pena cada relato por si caes por allí algún día.


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