No debe haber un solo turista del mundo que al llegar a Roma, no visite el Coliseo. Seguro que es la imagen más emblemática de esa fantástica ciudad. El contraste entre el Coliseo y lo que lo rodea, desde mi punto de vista, es una experiencia en si misma. Se siente que uno esta parado en la historia y en el presente, a la misma vez. Impresionante.
Pero, como todos quieren verlo, las colas para entrar son impresionantes. Claro que hay formas de minimizar ese problema.
Una es comprar la Roma Pass o las entradas por Internet. El único problema es que encarece un poco el costo, aunque no mucho.
Otra es comprar la entrada junto con la de El Palatino, ya que sirve para ambos sitios, pero El Palatino recibe mucho menos gente.
La más simple de todas es ir muy temprano, apenas abren las puertas. Esto ocurre a las 8 y media de la mañana, lo que no implica sacrificio. Además, aprovechamos más el día si lo empezamos temprano.
Imagen: visitandoeuropa.com












