
Una vez seleccionado el contenido de la maleta, como comentábamos en el post anterior, comienza la tarea de empacarlo de la siguiente forma: lo más pesado de telas más gruesas en el fondo, quedando por ejemplo las blusas livianas en la parte superior. La ropa debe tener el mínimo de dobleces posibles, así llega en mejores condiciones.
La ropa interior y medias, por una cuestión de comodidad conviene ponerla en una bolsa toda junta. Hay quienes aconsejan ir alternando de modo de usar los huecos que quedan entre las prendas, en lo personal prefiero en una bolsa toda junta.
Los zapatos van en bolsas, con los tacones hacia fuera. Todos los artículos que pongamos en la maleta que tienen un contenido líquido ( por ej. perfumes) deben ir en bolsas autosellantes, como las que venden para guardar alimentos en el refrigerador, y muy convenientemente acolchadas con prendas. No olvidar que el trato que se le da al equipaje puede no ser muy delicado, y la ruptura de un envase en el interior de la maleta nos puede dañar muy seriamente el contenido de la misma.
Por último, es conveniente etiquetar el interior de la maleta, ya que las etiquetas exteriores pueden extraviarse. No poner objetos frágiles o de valor en la maleta que se despacha en bodega. Agregar siempre alguna bolsa extra para empacar al regreso la ropa usada. No llenar exageradamente la maleta y asegurarse un cierre muy correcto de la misma. Si el viaje es en avión, ante la duda de poner un objeto que se pueda deteriorar o no cumplir con las normas de seguridad exigidas, consulta previamente con la compañía aérea. Recomendamos especial vigilancia de nuestro equipaje en el aeropuerto, previo a despacharlo.
Imagen: luggage pros













